La humanidad ha presenciado cambios tecnológicos que han impactado en su forma de vida y organización político-social. En un período de poco más de 250 años y haciendo una recopilación muy somera, hemos atravesado varias revoluciones industriales derivadas de distintos avances tecnológicos: la primera por la máquina de vapor y le energía hidráulica (siglo XVIII), la segunda por las nuevas formas de energía (electricidad, gas) y la cadena de montaje (siglo XIX), la tercera por la automatización y las computadoras (siglo XX) y la cuarta por la aplicación de tecnologías inteligentes a la producción (siglo XXI). O sea que hemos tenido a razón de un cambio disruptivo por siglo. Algunos plantean incluso una quinta revolución industrial derivada de la interacción entre humanos y robots.

La capacidad que tenga un país para adaptarse a y desarrollarse en estos contextos disruptivos tendrá, evidentemente, impacto en los aspectos político, social y cultural, la calidad de vida de su población y su papel en una sociedad globalizada.

Es en este contexto donde resulta necesario evaluar la situación de la Argentina cuando hablamos de los cambios que traen aparejados las nuevas tecnologías y el conocimiento. María Apólito es especialista en gestión de ciencia y tecnología y conocedora en detalle de la ley de economía del conocimiento sancionada en 2019. Derivada de otra exitosa iniciativa, la ley de promoción de la industria del software, esta ley amplia el espectro para incluir sectores que han mostrado un crecimiento marcado en los últimos años (nano y biotecnología, satélites e industria audiovisual entre otros). La especialista nos cuenta la gestación y posibilidades derivadas de esta legislación.

¿Qué es y cómo surge la ley de economía del conocimiento?
Esta ley tiene una antecesora que estaba enfocada exclusivamente al sector del software. Fue una ley sancionada en el 2004 bajo el gobierno de Néstor Kirchner cuando se veía que había un sector incipiente pero muy pujante de desarrollo de software. Tuvo muy buenos resultados durante sus 15 años de vigencia. Primero hubo un período de 10 años y luego se prorrogó hasta el 2019. Los resultados para el sector tuvieron que ver con la multiplicación del empleo y la cantidad de empresas pymes que había. Surgieron muchos unicornios.

¿La ley para la industria del software generó unicornios?
Muchos unicornios que hoy lo son, empezaron como proyectos o pymes relativamente pequeñas. Hablo de Mercado Libre, Globant, Despegar. Todos son proyectos hoy emblemáticos de la economía del conocimiento y que surgieron al calor de los beneficios fiscales que planteaba la ley del 2004.

Está bueno decirlo porque a veces se tilda a distintos gobiernos de distintos colores políticos de que son antiempresa o de que no son proclives a ayudar al desarrollo de las empresas en la Argentina. La verdad que está bueno plantearlo porque esta ley ayudó mucho a que estas empresas hoy sean lo que son y tengan el nivel de desarrollo que tienen.

¿Qué pasó al llegar 2019?
Llegado el 2019, el mundo había cambiado muchísimo. Habían surgido otras actividades que también tenían una muy buena potencialidad de crecimiento y en ese marco aparece la Economía del Conocimiento como un concepto más global que incluye el software pero también otras áreas como pueden ser la industria satelital, la nano y biotecnología, la industria 4.0 y todas sus distintas tecnologías como la impresión 3D, la automatización, el sector audiovisual, etc.

En ese marco se inició un proceso de discusión de una ley a la cual le pusimos algunos condimentos que fueron los que se enviaron en su momento al Congreso. En el medio tuvimos la pandemia, por eso se demoró más de lo previsto. Es una ley que hoy está funcionando y tiene beneficios importantes para empresas de estos sectores que te comentaba.

Supongo que el software sigue incluido en la nueva ley.
El software por supuesto que está incluido en esta economía del conocimiento y tiene beneficios en ganancias muy importantes según el tamaño de la empresa y también los tiene en una reducción de las contribuciones patronales donde se le otorga a la empresa un 70 % de estas contribuciones. Esto se convierte en un bono de crédito fiscal.

¿Qué posibilidades abre esta nueva legislación?
Es una ley muy interesante en términos de colaborar con el desarrollo de estos sectores entendiendo que además es una ley virtuosa. El Estado, de alguna manera, otorga beneficios fiscales o deja de percibir ciertos impuestos ya que se entiende que hay una contribución al Estado por el lado de la generación de empleo en blanco, de un aumento de las exportaciones. En muchos sectores, hay ventajas por el lado de reforzar la cadena de proveedores. Por ejemplo, en la industria satelital que tiene una cadena de proveedores muy de nicho y que son pymes que tal vez no acceden a la ley de economía del conocimiento. Pero si tenés un Invap que está en la ley o un Satellogic u otras empresas, todo ese entramado productivo de proveedores se beneficia indirectamente. Entonces es una ley, entendemos y entiendo, y cuando se escribió se pensó así, virtuosa con algunos condimentos interesantes.

¿Hay una perspectiva de género en la ley?
Ese es uno de los condimentos sobre los cuales te comentaba. Uno de ellos tiene que ver con la inclusión de un elemento clave. Esta es la primera ley que, de alguna manera, incorpora la perspectiva de género de manera positiva. Sería algo así como que la contribución patronal, ese descuento, se amplía cuando los trabajadores son o bien de sexo femenino o bien de géneros disidentes, todo el grupo LGTB. Es una forma de incentivar que estos grupos minoritarios tengan posibilidades de acceder a trabajos registrados en estos sectores.

¿Cómo están trabajando la difusión de la ley para que las empresas se enteren?
Como decías al comienzo, cuando uno habla de economía del conocimiento automáticamente viene el software porque es un poco lo que la antecedió. Entonces las empresas de software y las cámaras que las nuclean en general están super informadas de este tema, tienen gente que colabora en difundir los beneficios, explicar la mecánica de inscripción y demás. Por supuesto que queda hacer un trabajo, aunque hoy diría que el 60 % de las empresas que están inscriptas vienen de ese sector y el 40 % son de los otros sectores. Te diría que al principio de la ley era un 80-20, eso fue mermando porque la mayoría de las empresas de software interesadas, y que cumplen con las condiciones, ya están adentro. Las otras se empezaron a enterar por difusión y porque se habla mucho hoy de la economía del conocimiento.

Creo que todavía está en etapa de una difusión más masiva pero, no obstante eso, los resultados son muy buenos. Hay más de 800 empresas inscriptas. Si mirás la ley de software, en sus 15 años el pico máximo fue de poco más de 500 empresas. Hoy, en dos años reales de funcionamiento de la ley de economía del conocimiento ya se están superando las 800.

¿Qué otras medidas se podrían tomar para fortalecer y desarrollar lo hecho?
Me separo de la macro y de la estabilidad necesaria que tiene que tener cualquier sector, como una condición previa. Creo que podemos pensar tres cosas que no sé si faltan hacer pero sí profundizar. La primera son los recursos humanos. Por ejemplo, en el sector del software y de los servicios profesionales puntualmente, se calcula que hay alrededor de 2 millones de puestos de trabajo sin cubrir. Hay más demanda que oferta a nivel mundial. En la Argentina estamos planteando que este número está en 12.000 puestos de trabajo sin cubrir en el sector puntual del software. Hay una tensión que en nuestro país se agrava en esto de que muchos profesionales o gente que está en este mundo de la programación y del desarrollo del software trabaja para afuera sin estar en una empresa. Esto no solo está pasando en el software sino también en el sector audiovisual. También en el INVAP donde hay ingenieros especialistas en temas satelitales a quienes les piden hacer diseños, desarrollos de planos y demás, que venden y les reditúa mucho más que tener un trabajo registrado en el Invap.

Esto hay que resolverlo porque de esta manera las pymes y las empresas se quedan sin trabajadores en blanco, eso no le hace bien al país bajo ningún aspecto. Además, podemos correr el riesgo de estar primarizando el conocimiento. 

¿Qué significa eso?
El profesional da el diseño del satélite y después, tal vez, tengo que importar ese satélite con lo que el valor agregado lo puso una empresa extranjera. Lo mismo con el software: tal vez estoy comprando una licencia a un país X cuando todo el desarrollo lo hicieron tres chicos argentinos egresados de una universidad pública. Ahí estamos perdiendo dos veces. Hay que frenar esto y tener políticas públicas concretas. Está el proyecto del monotributo tech, que para mí es un error ya que agrava esta situación.

Puede ser una buena medida a los fines blanquear una situación que es evidente y es que la gente está trabajando para afuera y no declara. Pero en el mediano plazo y a nivel estratégico me parece un error.

¿Cuál sería el segundo punto a profundizar?

Lograr financiamiento diferencial para este sector. Este es un sector en el que, como no tiene muchas veces activos físicos, el sector financiero tiene que entender que el intangible es el valor en sí mismo. Más allá de los fondos y capitales de riesgo, hay empresas que no pueden dar el salto. Por ejemplo, una empresa de software que tiene balances muy buenos, una historia de 15 años facturando y tiene que dar un salto para un proyecto que le llega de afuera. No lo puede dar porque el banco le pide la garantía clásica que le pide a una empresa metalúrgica. Y tal vez alquila dos oficinas y tiene 300 pibes/as que son brillantes. Esto hay que cambiarlo.

El último tema, que no es menor, y del cual todos hablamos pero que no se hace tanto como se debería es lograr de verdad que las universidades y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), que es donde habitualmente el conocimiento surge y se desarrolla, tengan un vínculo más sistemático y virtuoso con el sector productivo. Hay que hacer cambios profundos en ambas instituciones porque si no, nos estamos quedando sin investigadores en áreas clave porque la industria se los está llevando dado que el sistema no sabe reconocer la transferencia tecnológica o la venta de una licencia como parte de la actividad habitual que puede tener un investigador que se dedica a los desarrollos y no a la investigación básica.

La empresa se lleva automáticamente, antes de que termine, un ingeniero porque el salario del Conicet y el de un ingeniero en una empresa tienen una diferencia abismal y el Conicet no se anima a reconocer con incentivos o premios extras determinados sectores que son estratégicos para el país. Y digo para el software como puedo decir la geología para Vaca Muerta o con biotecnólogos que estén trabajando la tecnología de CRISPR, por ejemplo.

Vamos a tener un Conicet y una universidad que van a seguir investigando lo mismo de siempre con, a lo mejor, algunas modificaciones pero las innovaciones disruptivas no sabemos dónde van a estar. Y son las que le van a agregar valor a, por lo menos, el sector de la economía del conocimiento.

Así que creo que son como tres cosas muy fundamentales que abría que resolver en el mediano plazo. 

¿Algún concepto final?
Creo que la economía del conocimiento es parte de la solución a los problemas que tiene la Argentina. Tenemos que entender que por este lado podemos generar más divisas y empleo de calidad con un salario que está por encima de la media. También creo que es importante entender que la economía del conocimiento atraviesa muchos sectores productivos. Todas las áreas de la economía del conocimiento aportan competitividad a los sectores más tradicionales de la economía. Entonces hay que entenderlo un poco en estos dos sentidos. A lo mejor, la Argentina entró tarde a la última revolución industrial y no la supo aprovechar. En esta cuarta o quinta revolución, creo que ya estamos casi en la quinta, la Argentina está en condiciones de subirse, de no perder el tren. Creo que es una oportunidad que tenemos que tratar de acompañar desde donde nos toque para que esto suceda.

 

Video de la entrevista en https://youtu.be/qRt40wsjDsk

 

Claudio Pairoba es bioquímico, farmacéutico y doctor por la Universidad Nacional de Rosario. Master en Análisis de Medios de Comunicación y Especialista en Comunicación Ambiental. Miembro de la Escuela de Comunicación Estratégica de Rosario y la Red Argentina de Periodismo Científico. Acreditado con la American Association for the Advancement of Science (Science) y la revista Nature.


Enlaces de interés
Revolución industrial
https://economipedia.com/definiciones/primera-revolucion-industrial.html

Industria 5.0: agregar la ventaja humana a la industria 4.0
https://www.sap.com/latinamerica/insights/industry-5-0.html

Régimen de promoción de la economía del conocimiento – Ley 27506
https://www.argentina.gob.ar/normativa/nacional/ley-27506-324101

Régimen de promoción de la economía del conocimiento – Ley 27570 – Modificatoria ley 27506
https://www.boletinoficial.gob.ar/detalleAviso/primera/236496/20201026

Régimen de Promoción de la Economía del Conocimiento – Perspectiva de género
https://www.argentina.gob.ar/economia/igualdadygenero/regimen-de-promocion-de-la-economia-del-conocimiento

Ley de promoción de la industria del software
http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/95000-99999/98433/norma.htm

Monotributo Tech: qué dice el proyecto que obtuvo dictamen en el Senado