Después de recorrer dos mil kilómetros en Santa Fe el fin de semana, el gobernador Maximiliano Pullaro viajó este lunes a Buenos Aires, tomó un vuelo de línea junto con dos colaboradores, participó del acto en el Museo Casa de Tucumán, firmó el Pacto de Mayo, se tiró una hora a dormitar y luego se subió al auto que lo trajo de regreso a Rafaela por la ruta nacional 34, la misma por la que le reclama a Nación obras de mantenimiento urgente. Los 673 kilómetros entre la capital tucumana y la Perla del Oeste, donde el gobernador encabezará el acto del 9 de julio este martes a la tarde, se cubren en ocho horas y media. Lo justo para viajar toda la noche y estar a las 13 para la primera actividad oficial.

Pullaro asistió a Tucumán como el resto de los que fueron, sin grandes expectativas, pero sin nada que perder. En todo caso era el pequeño sacrificio a pagar tras haber podado lo suficiente la ley Bases como para que los intereses de sus provincias no se vean dañados. El santafesino es el caso más patente: en enero se paró de manos contra el aumento de retenciones, el cambio al régimen de biocombustibles y el RIGI. Hoy, cree que la ley aprobada favorece a Santa Fe.

Tucumán para las provincias

 

Los que asistieron al Pacto de Mayo lo hicieron por distintos motivos. Todos midieron conveniencias y riesgos. Los gobernadores están felices de dar por terminada la tortuosa primera etapa del gobierno nacional y pasar a otra, aunque tampoco saben muy bien con qué se van a encontrar.

Aunque se espera que con otras formas, esta segunda etapa del gobierno de Milei también será de intensa disputa. La obsesión desreguladora y las reformas de cuño anarcocapitalistas que dominan la agenda de Milei y su ministro Federico Sturzenegger van a generar nuevos cortocircuitos. Pero además, las provincias vienen presionando, sin éxito, para que el gobierno reactive el aparato productivo, frene la caída de la economía y el empleo y recomponga poder adquisitivo.

Malas noticias para los gobernadores (sí, en masculino). En ningún momento el discurso del presidente enfocó en políticas de reactivación económica, y en cambio, prometió profundizar el camino y auguró tiempos de conflictos.

El peronismo tomó nota de inmediato de esa brecha entre los deseos de unos y las intenciones del otro. Uno de ellos, el massista Diego Giuliano, dijo en Radio 2 que “se hizo parte a los gobernadores del ajuste que lleva adelante Nación”. Otros cuestionan que los mismos gobernadores que se quejan del ajuste a las provincias, luego le dan gobernabilidad a Milei.

Tucumán para Santa Fe

 

En el caso de Santa Fe, haber marcado presencia le permitirá jugar esta segunda etapa desde adentro de la cancha y no desde la tribuna. Antes que cavar distancia por desacuerdos ideológicos, Pullaro apuesta a sacarle el jugo a las relaciones que él y sus ministros tendieron con las distintas áreas y mantener las puertas abiertas en los despachos nacionales para influir en decisiones donde la Provincia tiene intereses, como seguridad, Hidrovía, obra pública, el aval soberano para créditos internacionales y fondos previsionales. 

Son temas que Santa Fe aborda de maneras diferentes. Mayormente con trato bilateral, pero cuando del otro lado no hay respuestas hace causa común con Córdoba y Entre Ríos en la Región Centro, como ocurre con fondos previsionales, transporte y energía.

La Región Centro es un proyecto de poder regional, sin proyección electoral por el momento, que tomó un volumen político que nunca antes tuvo, justamente porque en anteriores oportunidades el poder central intervenía para que eso no ocurriera, incentivaba el trato directo con aquel o aquellos gobernadores aliados y rompía la asociación regional.

Sin ir más lejos, en tiempos de Carlos Menem, Néstor y Cristina Kirchner, Alberto Fernández o Mauricio Macri una puesta en escena como la que Martín Llaryora, Rogelio Frigerio y Pullaro hicieron en Santa Fe para exigirle a la Nación que restituya fondos previsionales hubiera sido inviable.

El hecho de que Milei sea el emergente de una profunda crisis de los partidos nacionales influye sobre cómo se paran las provincias ante el poder central. Al no ser los partidos nacionales los ordenadores de las grandes discusiones del país, hay una creciente tendencia de los gobiernos subnacionales a suplir identidad político-ideológica con identidad provincial, o a lo sumo regional.

La dificultad de enhebrar ese descalabro político, como mostró la ley Bases –basta ver el voto dividido de los radicales, la ruptura partidaria del PRO y la debacle del Partido Justicialista–, potencia los intereses localistas. Distintas provincias echan mano al modelo del cordobesismo o a lo sumo del regionalismo para agrupar mayorías electorales consolidadas, blindar sus provincias y desde ahí relacionarse con el poder central. El santafesinismo que lidera Pullaro es "el" ejemplo, más teniendo en cuenta que los pilares de la alianza Unidos son tres partidos nacionales, pero que en los tres casos la prioridad de las dirigencias locales está puesta en el proyecto provincial.

Tucumán para el presidente

 

Para Milei, la movida tucumana tuvo un sentido diferente al de los 18 gobernadores. Si bien también para él era importante dar una vuelta de página, comenzaría mal su segunda etapa si, como pareció en algún momento, se fue de Tucumán creyendo que finalmente puso de rodillas a la política. Que así como en diciembre la ninguneó dándole la espalda en el Congreso, anoche la arrió hasta Tucumán, la hizo desfilar delante de él para firmar el pacto que él quería, la tuvo sentada a la intemperie durante dos horas para escuchar su discurso en la medianoche y con temperaturas polares. Y además les impuso un oscuro código de vestimenta, que todos acataron de forma obediente, salvo Pullaro. Nunca antes el gris había sido símbolo de rebeldía. Así de rara es la Argentina de Milei.

Hay que detenerse un momento en los contrastes entre diciembre y ayer. El mismo presidente que al asumir ninguneó a los gobernadores y congresistas dándoles la espalda para hablarle “al pueblo”, siete meses después organiza un acto encapsulado, sin pueblo, exclusivo para la política y otras variantes de “la casta”, vedado a la gente común y aislado de la fantástica fiesta popular que año tras año monta Tucumán el Día de la Independencia.

El pacto que sirvió de excusa no es tal, sino un decálogo de generalidades que él dispuso, a las que cada uno les puede dar el sentido que más le gusta. De hecho, es lo que hizo en su discurso, al interpretar ese listado en clave anarcocapitalista punto por punto. Por supuesto, cada gobernador volvió a su provincia con su propia partitura. El cordobés Llaryora, que podrá ser un peronista muy pragmático pero no tiene nada de anarcacapitalista, dijo que en su provincia “hace muchos años” que aplican esos puntos.

En casi todas las provincias que anoche dieron el presente en Tucumán, ganaron los actuales gobernadores, pero también ganó Milei. Un dato insoslayable a la hora de posicionarse, así como el nivel de apoyo que el presidente conserva en esas mismas provincias a pesar de los efectos del ajuste. Sería poco inteligente poner al electorado a elegir entre uno u otro, porque en cualquier caso es a pérdida. 

Nadie quiere confrontar y mucho menos romper si no es un motivo que valga la pena. Para Pullaro el límite de tolerancia es que las decisiones nacionales perjudiquen a Santa Fe. Una definición amplia, que permitió plantarse ante casos puntuales que se corregían en la mesa de negociación, como el intento de aumentar retenciones. 

No será tan sencillo si empiezan a consolidarse variables que afectan de otra manera a intereses de santafesinos, como el desempleo, la falta de actividad económica o no mejora el poder adquisitivo.